¿Cómo imaginas que sería actualmente un hombre de Cromañón que hubiese vivido hasta nuestros días esquivando a la muerte? 14.000 años aproximadamente.
¿Te gustan las buenas historias? Entonces esta película te encantará.¿Qué es lo que me gustó de esta película hace años cuando la vi?
Somos producto de una cultura, es decir aquello que pensamos, creemos, sentimos es producto de una sensibilidad que vamos poco a poco desarrollando desde nuestro nacimiento en base a lo que vemos, oímos, percibimos en nuestro contexto cultural. La historia no es una simple narración de hechos que tienen cierto grado de veracidad. La historia es una interpretación de los hechos humanos (Leticia Bárcena).
La clave de la película
Cada cierto tiempo vuelvo a pensar en El hombre de la Tierra. Y cada vez descubro algo distinto. La primera vez que vi la película me atrapó la premisa: un hombre que asegura haber vivido más de 14.000 años. La segunda me interesó el debate filosófico que plantea. La tercera empecé a fijarme en las reacciones de los personajes. Con el paso del tiempo he llegado a una conclusión inesperada: la inmortalidad es, probablemente, lo menos importante de toda la historia.
Lo verdaderamente interesante es lo que esa premisa nos permite observar sobre nosotros mismos. La película plantea una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué ocurriría si un ser humano hubiera vivido durante toda la historia conocida de nuestra especie? Sin embargo, detrás de esa pregunta aparece otra mucho más profunda: ¿qué significa realmente evolucionar?
Si algo queda claro a lo largo del relato es que el protagonista apenas ha cambiado físicamente. Su cuerpo sigue siendo esencialmente el mismo. Sin embargo, todo lo demás ha cambiado a su alrededor. Ha visto desaparecer formas de vida, nacer civilizaciones, surgir y caer imperios, desarrollarse las religiones, expandirse el conocimiento científico y transformarse una y otra vez la forma en que los seres humanos entendemos el mundo y nuestro lugar en él.
Esta idea me lleva a una reflexión que considero especialmente relevante. Cuando hablamos de evolución solemos pensar en biología. Imaginamos cambios genéticos, adaptación al entorno y selección natural. Sin embargo, gran parte de lo que entendemos por evolución humana no ha ocurrido en nuestros genes, sino en nuestras ideas, en nuestra cultura y en nuestra capacidad para transmitir conocimiento de una generación a otra.
El ser humano que pintaba bisontes en las cuevas hace miles de años poseía prácticamente el mismo cerebro que nosotros. Sin embargo, entre él y nosotros existe una distancia enorme construida a través del aprendizaje acumulado. Hemos aprendido a cultivar alimentos, construir ciudades, desarrollar sistemas políticos, escribir libros, explorar el espacio y comprender aspectos del universo que nuestros antepasados ni siquiera podían imaginar. Nuestra evolución más visible no ha sido física. Ha sido cultural.
Pero quizá también ha sido psicológica. La historia de la humanidad no es únicamente la historia de nuestras herramientas o de nuestros avances tecnológicos. También es la historia de nuestra conciencia. A lo largo de los siglos hemos ampliado nuestra comprensión de la naturaleza, del comportamiento humano y de nosotros mismos. Al menos en algunos aspectos.
Sin embargo, al observar la película aparece una paradoja fascinante. Aunque nuestro conocimiento ha evolucionado de forma extraordinaria, muchas de nuestras emociones siguen siendo sorprendentemente familiares. Seguimos sintiendo miedo, amor, esperanza, celos, ambición, necesidad de pertenencia y dificultad para convivir con la incertidumbre. Cambian las tecnologías, cambian las sociedades y cambian las creencias, pero hay algo profundamente humano que permanece.
Quizá por eso la película resulta tan sugerente. Porque convierte a John Oldman en una especie de testigo de la evolución humana. No es un héroe, ni un sabio iluminado, ni un profeta. Es simplemente alguien que ha tenido tiempo suficiente para observar. Y tal vez ahí se encuentre una de las enseñanzas más interesantes de toda la historia.
La evolución no consiste únicamente en acumular años. Tampoco consiste en acumular información. La evolución implica integrar experiencia. Aprender. Cuestionar nuestras certezas. Revisar nuestras creencias cuando la realidad nos muestra algo nuevo. Abandonar ideas que ya no funcionan. Ampliar nuestra mirada sobre el mundo y sobre nosotros mismos.
En cierto modo, todos somos versiones mucho más modestas de John Oldman. No vivimos 14.000 años, pero la vida nos ofrece continuamente la posibilidad de evolucionar a través de las experiencias que vivimos. La cuestión es si aprovechamos realmente esa oportunidad. Porque el simple paso del tiempo no garantiza ninguna transformación.
Hay personas que pasan décadas repitiendo los mismos patrones, las mismas creencias y los mismos conflictos. También hay personas que utilizan cada experiencia como una oportunidad para comprender un poco mejor quiénes son, cómo funcionan los demás y qué lugar ocupan dentro de una realidad mucho más amplia de lo que imaginaban.
Tal vez la verdadera evolución humana no consista en vivir más tiempo. Tal vez consista en vivir con más consciencia. En desarrollar una mirada más amplia, más flexible y más capaz de integrar perspectivas diferentes. En aprender a convivir con la complejidad sin refugiarnos constantemente en certezas absolutas.
Por eso sigo volviendo a esta película cada cierto tiempo. Porque, en el fondo, no habla de un hombre inmortal. Habla de algo mucho más cercano y mucho más humano. Habla de nuestra capacidad para cambiar, aprender y evolucionar a lo largo de la vida.
Y quizá la pregunta más interesante que deja sobre la mesa no sea cuánto tiempo podría vivir una persona, sino algo mucho más incómodo y revelador: ¿estamos evolucionando realmente o simplemente estamos acumulando años?
Se puede ver en Prime Video.
Y si os gusta este tipo de historias os recomiendo leer ‘El León Rojo’ de María Szepes ( o la película ‘El Atlas de las Nubes’)

»Fui criado en el Torah, mi esposa en El Corán, mi hijo mayor es ateo, mi hijo pequeño es cienciólogo y mi hija está investigando el Hinduismo. Hay carga suficiente como para que una Guerra Santa estallará en el salón de mi casa, pero practicamos el vive y deja vivir»Edith: [enfadada] ¿Dónde estabas en el año 1292 a.c.?
John Oldman: [sereno] ¿Dónde estabas tú hace un año tal día como hoyEdith: [hablando de Dios] : ‘Él está en todas partes. Es sólo que no podemos verlo.
Harry: Pfft. Si esto es lo mejor que puede hacer también yo me estaría escondiendo.
Dan: »No hay absolutamente ninguna manera de que John pruebe su historia. Al igual que no hay forma de que nosotros la refutemos. No importa cuán escandalosa creamos que sea, no importa cuán altamente capacitados algunos de nosotros creemos estar, ¡no hay absolutamente ninguna forma de refutarlo. Mi amigo es o un hombre de las cavernas, o un mentiroso o un loco. Mientras pensamos en ello ¿porqué no le dejamos continuar?»
Dan: ‘Me voy a casa a ver Stark Trek para una dosis de cordura»
John Oldman (al hablar sobre cuando fue Jesús de Nazaret) : ‘Y me dije, ¿porqué no transmitir las enseñanzas de Buda de una forma actualizada?Dr. Will Gruber: »La historia odia el vacío. La improvisación, en parte muy sincera, llena los vacíos».
Edith: ‘¿Crees de sólo de eso trata la religión, de vender esperanza y supervivencia?
John Oldman: ‘Cada 10 años más o menos, cuando la gente comienza a notar que no envejezco, me mudo»