Etnosfera. La diversidad cultural del planeta

personas de diversas razas y culturas

Hay conceptos que describen ideas altamente enriquecedoras y reveladoras. Este es uno de ellos.

Seguro que conoces algún sitio (bosque, montaña, lago, cueva, desierto, edificación, complejo arquitectónico, ruta cultural, paisaje cultural o ciudad) declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Desde 1972 esta organización elige lugares de la Tierra que considera de un “valor universal excepcional” y que pertenecen al patrimonio común de la humanidad.

Lo que quizás no conozcas es un concepto denominado ETNOSFERA que resulta igualmente importante y revelador para el planeta y sus habitantes.

Este término fue acuñado por John Allen. Según Wade Davis (antropólogo, etnobotánico y explorador de la revista National Geographic) podemos definirla como el conjunto de todos los pensamientos, mitos, dramas, filosofías, conocimientos y sueños desarrollados por todas las culturas del mundo… el imaginario humano.

Así como de generación en generación el ser humano transfiere material genético, también transfiere material memético. El cuerpo físico está codificado por genes, mientras el cuerpo del saber y la cultura está codificado por memes (un meme es una unidad comportamental que porta palabras, ideas, habilidades o gestos). La Etnosfera se ha ido tejiendo a lo largo de los siglos a través de la propagación de memes mientras crecían las poblaciones humanas.

A partir de ella ha surgido otra esfera denominada Ciberesfera. Esta alude al estudio de la retroalimentación y regulación en sistemas controlados. Un sistema cibernético es apto de “entender” condiciones cambiantes, reprogramarse, y cumplir un objetivo y mantener un equilibrio. Los sistemas biológicos son por tanto sistemas cibernéticos también (la Ciberesfera no está limitada a sistemas digitales y se aplica también a sistemas análogos).

Considerando al planeta Tierra como un ser vivo, la Geosfera sería el cuerpo, la Biosfera la piel, la Etnosfera el saber y la Ciberesfera la red de nervios que intercomunican y distribuyen el saber a lo largo del organismo que es el planeta y le permite autorregularse.

Según la antropología el mundo que cada uno de nosotros conocemos no es una realidad absoluta, sino solamente un modelo de la realidad; una opción concreta, la forma de vida que fue escogida por los que nos han precedido.

Las culturas de nuestros ancestros, a lo largo de la historia en todo el mundo, han ido acumulando experiencia y sabiduría sobre la vida y sobre el planeta. Estas culturas han ido desapareciendo poco a poco y, de no hacer nada por preservarlas, se corre el grave riesgo de perder un valioso e irreemplazable conocimiento. Las personas que han dado (y dan) vida a culturas diversas nos enseñan que hay variadas formas de ser, de pensar, de estar o relacionarnos con el planeta. En él han existido y existen miles de grupos humanos con su particular visión espiritual y cultural.

Comunidades como los Bayaka de las Selvas tropicales del suroeste de República Centroafricana, los Barasana, los Waorani o los Kogui, los Huli Wigmen (Papúa Nueva Guinea), los Dogón en África, los Nenet en Siberia, los Hombres de Barro de Goroka (Papúa Nueva Guinea), los Pastores Himba (Namibia) o los Cazadores de águila dorada Kazakh de Bayan-Olgii (Mongolia), por citar solo algunos ejemplos, son catalogadas como comunidades indígenas pintorescas y anacrónicas (y no civilizadas) sin tener en cuenta la riqueza cultural y complementaria que contienen sus formas de vida. La forma de relacionarnos con lo que nos rodea es determinante : un niño indígena criado para creer que la montaña es un espíritu será una ser humano diferente a un niño que piensa que una montaña es sólo una pila de rocas lista para ser explotada.

Un biólogo o científico utilizará el método prueba y error; si le preguntas a un indígena contestará: «Las plantas me lo dijeron». Los Kofan, por ejemplo, reconocen hasta 17 especies de una planta por la melodía que lanzan al viento en la luna llena.

‘’Todas esas gentes, por medio del tiempo y el ritual, han forjado una conciencia sobre el planeta, no nostálgica, sino con intuición profunda. Una mística tradicional de la Tierra a través del tiempo y rituales que no se basa en la idea de ser conscientes de ello de forma cercana sino la idea de que la tierra sólo puede ser asumida en el mismo interior del ser por la conciencia humana’’ (Fuente: blog Una antropóloga en la luna).

Sería lamentable recordar nuestra época como la civilización que destruyó la diversidad del planeta, tanto biológica como cultural. ¿No te parece?

Una parte especialmente valiosa de la etnosfera se conserva en los antiguos oficios rurales. Pastores, agricultores, ganaderos, apicultores, hortelanos, resineros o forestales han acumulado durante generaciones un conocimiento extraordinariamente detallado del territorio, muchas veces aprendido mediante la observación y transmitido de persona a persona: interpretar el comportamiento de los animales, reconocer plantas y sus usos, comprender los ciclos del agua y del suelo, anticipar cambios estacionales, manejar pastos, seleccionar semillas o detectar pequeñas alteraciones en un ecosistema. No todo ese saber tradicional tiene necesariamente validez científica ni debemos idealizar las formas de vida del pasado; precisamente por eso resulta tan importante documentarlo, estudiarlo y contrastarlo antes de que desaparezca. En un momento en el que buscamos respuestas frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación de los suelos o los incendios forestales, algunos de esos conocimientos pueden dialogar con la ciencia y la tecnología actuales y ayudarnos a comprender mejor los territorios. Cuando desaparece un oficio rural no perdemos solamente una profesión: podemos perder también una pequeña biblioteca de conocimiento acumulado durante generaciones.

De ahí también el enorme valor de iniciativas dedicadas a documentar los oficios y formas de vida tradicionales antes de que desaparezcan. Proyectos como Documentales Etnográficos, que reúne más de 2.600 trabajos sobre oficios, tradiciones, historia, flora y fauna de España, convierten la memoria oral y práctica de muchas generaciones en patrimonio accesible. Porque conservar cómo trabajaba un pastor, un agricultor, un apicultor, un artesano o un ganadero no significa únicamente preservar una curiosidad del pasado: significa registrar conocimientos, técnicas, vocabulario y maneras de interpretar y relacionarse con el territorio que forman parte de nuestra etnosfera y que, una vez desaparecidos sus últimos depositarios, pueden resultar muy difíciles de recuperar.

Preservemos la etnosfera, almacén de las múltiples posibilidades de la existencia humana en la memoria de los pueblos; gran legado de la humanidad y símbolo de todo lo que somos y lo que podemos ser como especie con capacidad de imaginar y crear.

 

“Mi mayor temor es que si nos dejamos llevar hacia esta cultura única, mundial, genérica y amorfa, no sólo se reducirá el rango de la imaginación humana, a un modo de pensar estrecho, sino que un día nos despertaremos como de un sueño habiendo olvidado incluso que existieron otras posibilidades” (Margaret Mead)

 

2026 Año Internacional de los Pastizales y el Pastoreo

El pastoreo tradicional y la trashumancia están reconocidos en varios lugares del mundo como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

 

Links de interés:

 

Fuentes consultadas y citadas:

https://www.aborigenfundacion.org/

http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com/

 

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Para mí, la Comunicación es una herramienta indispensable para contribuir al cambio y desarrollo personal y socio-económico. Es el recurso estratégico más importante de cualquier organización e incluso de una persona.
Firme defensora de la importancia de mantener relaciones positivas en todos los ámbitos.
Seguidora del Triple Filtro de Sócrates a la hora de comunicar-me.
Puedes leer más sobre lo que escribo en

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