En un momento en el que las pantallas nos rodean —y a veces nos desbordan—, es interesante detenernos a pensar en algo que, paradójicamente, damos por sentado: la diferencia entre escuchar un podcast y verlo en formato audiovisual.
¿Sabías que una investigación publicada en el Journal of Neuroscience concluye que escuchar podcasts y leer son dos actividades que estimulan las mismas partes del cerebro?.
Como profesional de la comunicación, que además dirige un podcast, hablo a diario con oyentes, invitados y creadores de contenido. Y hay un punto que suele aparecer, casi como un susurro universal:
escuchar es una experiencia distinta, más ligera, más profunda y, sobre todo, muy humana.
Y lo es porque …
El audio no exige lo que la vista exige.
Escuchar es un acto más amable con nuestro cerebro. La vista es un sentido “costoso”: consume más energía, requiere más concentración sostenida, y activa más mecanismos de procesamiento inmediato. El oído, en cambio, es continuo, suave, menos invasivo. Por eso podemos pasar horas escuchando un podcast, mientras que pocos aguantan una entrevista audiovisual de una hora sin distraerse.
El audio acompaña; el vídeo exige.
La multitarea real solo existe con el audio. Escuchar un podcast te permite:
conducir, cocinar, caminar, entrenar, ordenar la casa, o simplemente cerrar los ojos. Con vídeo, casi siempre tienes que parar tu vida. Con audio, puedes seguir viviendo. Y ahí está uno de sus superpoderes: convierte el tiempo “muerto” en tiempo significativo.
Menor desgaste cognitivo, más retención.
Cuando consumes contenido audiovisual, tu mente reparte recursos entre: procesar imágenes, interpretar gestos, leer texto en pantalla, escuchar, y muchas veces incluso atender a distracciones superpuestas.
El resultado: sobrecarga cognitiva.
En el podcast —en el audio puro— la información llega por un único canal. No hay ruido visual. No hay distracciones añadidas. Solo voz, ritmo, sonido.
Y por eso muchos oyentes reportan:
👉 mejor concentración 👉 más claridad 👉 mayor retención de ideas 👉 conexiones más profundas con la historia o la persona que habla.
La voz crea intimidad genuina.
El vídeo muestra. La voz invita. Cuando solo escuchamos, nuestro cerebro reconstruye mentalmente las escenas, los gestos, la emoción. El oyente no observa: participa.
Por eso los podcasts generan una cercanía que rara vez se consigue en vídeo.
La voz entra en un espacio íntimo: los cascos, el coche, la cocina, la cama. No hay otro formato que genere una relación tan directa entre quien habla y quien escucha.
El audio se adapta mejor al ritmo de cada persona.
Puedes escuchar a 1.25x, a 1.5x… Puedes pausar, volver atrás, continuar sin mirar la pantalla. El vídeo, en cambio, depende de la imagen para avanzar. Si te despistas un segundo, te pierdes el gesto o la diapositiva clave. En el audio, lo importante es lo que se dice, no lo que se enseña. Y eso hace que la experiencia sea más flexible, más libre y menos rígida.
El audio fomenta el pensamiento crítico.
Cuando no vemos la imagen de alguien, no evaluamos: su ropa, su edad, su expresión, su escenario, su cámara o iluminación. El audio desnuda el mensaje. Nos obliga a escuchar las ideas, no el envoltorio visual.
Por eso el podcast es un terreno fértil para la reflexión profunda.
Los podcasts mejoran la atención y la memoria.
La ausencia de imágenes obliga a prestar más atención a lo que escuchamos. Imaginamos lo que oímos, igual que ocurre con la lectura
Y, aun así, el podcasting no compite contra el vídeo.
Curiosamente, no se trata de una batalla. Se trata de entender que el audio tiene un valor propio y único: es accesible, es sostenible para la mente, acompaña, despierta la imaginación, crea vínculo. Y es compatible con la vida real, no la interrumpe.
En un mundo saturado de pantallas, el sonido es un refugio. Un espacio para pensar. Un modo de aprender sin agotarnos.
En resumen:
escuchar un podcast no es simplemente “verlo sin vídeo”. Es otra experiencia, otra forma de relacionarnos con el contenido, con los demás y con nosotros mismos. Porque cuando dejamos que la voz nos lleve, algo curioso ocurre:
👉 aprendemos mejor,
👉 nos sentimos acompañados,
👉 y recuperamos un ritmo más humano.
“Escuchar es transformar el sonido en comprensión. Por eso la escucha profunda es tan poderosa: activa la mente sin agotarla.”
Si te interesa el tema de lo audiovisual, aquí comparto una vista previa del ebook ‘REFRESCA TU MIRADA’ de Método Cronos (con ejercicios incluidos) que explica cómo se configura el sentido de lo audio visual en los seres humanos. Si te interesa el ebook completo, solicítalo en re***@************fe.es
También recomiendo leer a Julian Treasure (o escucharle, si sabes inglés) y sus consejos para aprender a escuchar mejor.
Para Treasure, escuchar no es oír: es una habilidad que se entrena.
En un mundo lleno de ruido, escuchar bien se ha convertido en una ventaja profesional y humana. El lo resume en cinco prácticas sencillas que pueden transformar nuestra comunicación:
🔹 Silencio Reservar unos minutos de silencio al día “reinicia” nuestros oídos. Nos devuelve sensibilidad y presencia.
🔹 El mezclador (The Mixer) Cuando hay ruido, en vez de luchar contra él, obsérvalo. Distinguir capas de sonido entrena la atención y reduce la sensación de saturación.
🔹 Saborear el sonido (Savoring) Encontrar belleza en sonidos cotidianos —una puerta, un teclado, el viento— mejora nuestra percepción y nos conecta con el presente.
🔹 RASA El método de Treasure para escuchar con intención: Receive (recibir) Appreciate (mostrar que escuchas) Summarize (resumir) Ask (preguntar)
🔹 Posiciones de escucha Ajustar nuestra forma de escuchar según el contexto: empática, crítica, analítica, expansiva… Escuchar no es igual para todas las situaciones.
Escuchar mejor es liderar mejor
Estas prácticas no solo mejoran la comunicación: fortalecen equipos, reducen conflictos y aumentan la conexión con quienes nos rodean.