Solemos pensar que siempre que hablamos o escribimos, estamos comunicando. Y no es así. Para que se produzca comunicación, la persona que recibe la información, ha de comprenderla.
Comunicar implica hacer inteligible lo que queremos transmitir, de forma que no quepa la menor duda sobre lo que queríamos decir.
No se trata de impresionar con nuestras palabras, ni es necesario utilizar conceptos sofisticados. Se trata de que el mensaje haga su trabajo. Y eso solo ocurre cuando quien comunica se hace cargo de cómo está articulando la información.
¿Por qué surgen dudas durante la comunicación?
El foco, a la hora de comunicar, no hay que ponerlo en que quien escucha o lee “pueda no saber interpretarlo” ya que en eso ni tenemos control, ni es nuestra responsabilidad. El foco hay que ponerlo en cómo estructuramos y expresamos nuestras ideas.
Según mi experiencia, estas suelen ser algunas de las causas más frecuentes que hacen que nuestras palabras pierdan la capacidad de comunicar con eficiencia.
- Mezclar hechos con opiniones sin remarcarlo
Si digo “Esto es exagerado”, ¿estoy describiendo un hecho? ¿Dando mi opinión?
Mejora: antes de escribir o hablar, pregúntate: ¿esto es observación o valoración?
- Usar palabras vagas o comodín
“Mucho”, “bastante”, “varios”, “cosas”… son palabras tan generales que cada persona las rellena de forma distinta.
Mejora: sustituye por términos concretos o cifras cuando puedas (precisión).
- Construcciones ambiguas
“Se decidió cambiar el plan después de hablarlo” Sí, pero ¿quién lo decidió? ¿Quién habló con quién?
Mejora práctica: pon nombres, roles o clarifica sujetos y acciones.
- Dar por hechos los sobreentendidos
Pensar que “ya se sabe lo que quiero decir” es una práctica muy habitual.
Mejora: sitúa siempre el marco (qué, por qué y para qué) antes de entrar en detalles. El contexto importa, y mucho.
- No jerarquizar lo importante
Mezclar ideas sin destacar lo esencial hace que quien lee no sepa por dónde empezar.
Mejora: estructura siguiendo un orden lógico (primero la conclusión, luego el soporte).
- Falta de concreción
“Quizá podríamos considerar si…” puede sonar amable, pero deja la idea en el aire.
Mejora: si tienes una propuesta o petición, dila claramente.
- No prever interpretaciones alternativas
Cada lector tiene su marco mental.
Mejora: antes de hablar o escribir pregúntate si podría entenderse de otra forma. Si la respuesta es sí, busca una forma más precisa de expresarlo. Que por tí no quede 😉
La claridad no es una elección estética. Es una forma de respeto hacia quienes nos leen y nos escuchan.
Un principio sencillo y revelador:
Si el mensaje que envías necesita una aclaración posterior para ser entendido, el mensaje no estaba suficientemente concretado.
Y esto no es una crítica: es una invitación a hacer de la claridad una práctica deliberada, porque un mensaje claro no solo se entiende mejor; contribuye a relaciones más honestas, decisiones más informadas y conversaciones más constructivas.
Tres preguntas para mejorar tu comunicación ahora mismo.
Antes de decir o escribir algo importante, detente un momento y responde:
- ¿Qué necesito que la otra persona entienda con absoluta claridad?
- ¿He dejado la idea delimitada o podría alguien pensar algo distinto a lo que quiero expresar?
- ¿Tengo clara cuál es mi intención a la hora de comunicar algo concreto?
Comunicar es un acto intencional y constructivo. Es una práctica consciente que exige hacerse responsable del efecto de las propias palabras.
Además, en el proceso, tanto el que emite, como el que recibe, invierte energía. Comunicar de forma eficiente ahorra tiempo y energía.
Hoy día, el tiempo es el recurso más valioso de una persona. Elijo ni perder el mío, ni hacérselo perder a otra persona.
Este checklist puede serte de utilidad. Úsalo antes de enviar un correo, publicar un texto o intervenir en una conversación importante (al menos, hasta que le cojas el punto). O algo mucho mejor: hazte tu propio checklist personalizado 😉
- Claridad del contenido
¿Estoy diferenciando hechos y opiniones?
¿Uso palabras vagas que pueden interpretarse de diversas formas?
¿Hay términos clave sin definir?
¿Las referencias son claras o ambiguas ?
¿El mensaje admite más de una interpretación razonable?
- Estructura y lógica
¿Está claro qué es lo principal y qué es secundario?
¿Las ideas siguen un orden comprensible?
¿He explicado el razonamiento o doy saltos lógicos?
¿Los ejemplos refuerzan una idea concreta o distraen?
- Contexto y marco
¿He explicado desde qué marco hablo?
¿Está claro el objetivo del mensaje?
¿Asumo conocimientos previos que quizá el otro no tiene?
¿He adaptado el nivel de detalle a quien me va a leer o escuchar?
- Intención y posicionamiento
¿Evito concretar por miedo a incomodar o extenderme?
¿Intento agradar a todos a costa de no decir lo que quiero decir?
¿Está claro qué espero del otro tras este mensaje?
- Lenguaje y tono
¿Mezclo registros sin coherencia?
¿El tono acompaña al contenido o lo diluye (más coherencia)?
¿Uso eufemismos que esconden lo que realmente quiero decir?
- Responsabilidad comunicativa
¿Estoy priorizando expresarme o ser entendido?
¿He reducido ambigüedades todo lo posible?
¿Este mensaje necesitará aclaraciones después (otra cosa es que quieras darlas)?
»Lo bueno, si breve, dos veces bueno» (Baltasar Gracián)
Si te interesa saber más sobre este aforismo echa un vistazo aquí.